Argentineando (I)
Bueno, por fin saco un poco de tiempo libre para dedicarle a esta página. Llevo desde el 18 de noviembre sin escribir un post medianamente serio sobre lo que pasa de este lado de la pantalla. Y han pasado muchas cosas, ya lo creo.
Lo primero, claro está fue el viaje a la Argentina, espectacular, inolvidable, irrepetible. No se si el recuerdo acrecienta las sensaciones del viaje, o el paso de los días las disminuye; pero las fotografías que decoran todos mis cacharros digitales, me hacen evocar con nostalgia los días que vivimos por aquellas tierras.
Partimos el día 19 por la noche, tras una larga preparación de todos y cada uno de los detalles del viaje, y llegamos de mañana a Buenos Aires. Tomamos el colectivo, y comenzó la aventura. Aquel día apenas pudimos tantear un poco de la ciudad, pues por la noche debíamos coger el vuelo a Ushuaia, pero estuvo bien esa primera toma de contacto con la ciudad porteña.
El 21 de noviembre pisábamos la Tierra del Fuego, y poco después navegábamos por el Canal del Beagle, con los chicos de Tango Bien, disfrutando del aire puro del Sur, del mar espumeante, y de los primeros animales increíbles del viaje: los leones marinos, y el albatros. Al día siguiente, al Parque Nacional de Tierra del Fuego, donde subimos al Cerro Guanaco, caminamos junto al Lago Roca y llegamos a la Bahía Lapataia. Aquí lo de la fauna ya fue espectacular (chimangos, caranchos, cauquenes, zorro colorado, y muchos, muchos pájaros en technicolor).
A la mañana siguiente nos despedimos de Ushuaia, camino de El Calafate, donde esperaba una de las paradas estrella del viaje, el glaciar Perito Moreno. Y el día 23 de noviembre, con cielo despejado y viento suave, marchamos temprano a por el Big Ice. Cuando doblábamos la curva de los suspiros, conteníamos el aliento al divisar el imponente muro de hielo hacia donde nos dirigíamos. Fue una jornada increíble, recorriendo las pasarelas, navegando frente a los hielos, y caminando durante tres horas por la parte central del glaciar, atravesando, colinas, valles, ríos y lagunas en un páramo blanco con agujeros de azul eléctrico. Vimos resquebrajarse el glaciar, y regresamos al caer la tarde, tomando un whisky, en la popa del barco que nos alejaba definitivamente del gigante de hielo.
Es tarde, y mejor sigo otro día. Continuará...



