Cuadernos

Nombre: Antar

18 noviembre 2009

Rumbo a la Patagonia

Escribo con poco tiempo, como siempre, con prisa.

Me hice de nuevo, un poquito más viejo. Rodeado de amigos que contribuyeron a que disfrutara de un feliz aniversario. Pero eso ya pasó, como una ráfaga de viento se quedó en el ayer, y como no lo registré en estos cuadernos, ahora está un poco más olvidado.

El caso es que quería escribir una página con aquel día, pero ya ven, como siempre el tiempo y las ganas son finitos y no dieron para todo.

Así que hago un cocktail con mi próxima partida al cono sur y mato dos páginas de un tiro.

Mañana vuelo, por la noche, bajo las estrellas. Por fin me toca viajar. Ya estoy con el cosquilleo que me cosquillea desde ayer, los preparativos, la ilusión, y la sensación de...aventura, aventura, aventura.

Cuidense acá, volveré para contarlo. Abrazos, próximamente ultramarinos.


30 septiembre 2009

Otoñezco



Llegó el otoño, como en los últimos 27 años. Cambiante, cargado de la nostalgia, bañando Madrid con su luz especial, esa mezcla de tonos dorados que se cuelan entre las nubes en movimiento, que finalmente dan paso al suave gris del caer de la tarde.

Quedé a comer con un amigo, sin prisas, sin horas, como se disfrutan las charlas de verdad, interminables, aunque como siempre inconclusas. Me hizo tanto bien salir, pasear, y hablar, que llegué a casa con la mente despejada y extrañamente optimista. Tan solo cometí el error de ponerme a buscar fotografías en unos álbumes, con el fin de colocarlas en unos marcos que compré el otro día.

Empecé por la etapa scout de finales de los años noventa, y tras un par de uppercuts a la mitral, cogí aire y fuerzas, y me sumergí en el mar de fotografías que me llevaban por una época de la que solamente permanecen los recuerdos felices, plasmados en el papel satinado de modo irrevocable.

Pasé las láminas, recordando cada momento, evocando a aquellos amigos que fueron y dejaron de ser, a los que han cambiado. Contemplando mi espejo sonriente y despreocupado, con menos tierra bajo las botas, con menos polvo en los pulmones. Y soñé que soñaba, y que por fin despertaba, y conseguí escapar del álbum, magullado pero entero, un poco mas otoñal, y quizá menos veraniego.

16 septiembre 2009

El verano pasó...


Hago un esfuerzo de memoria y me remonto a los primeros compases del verano, cuando abandoné a su suerte las páginas de estos virtuales cuadernos.

El caso es que llegó la boda de don Guillermo y doña Aida, en tierras asturianas. Hermosa y emotiva ceremonia, seguida de gaiteros, aperitivo en los jardines y cena memorable, destacando el exquisito pitxin. Disfruté de la letra de la abuela lírica, del baile de sombreros y de la compañía de los gatines, los pelutxi y por supuesto de los atareados novios.

Y a partir de ahí comenzaron las vacaciones de verano, recorriendo los montes somedanos, a pie o a caballo, fotografiandolo todo, y empapándonos de verde. Días después, diagonal hasta Alicante, con parada y noche en Madrid, para proseguir el viaje cambiándo las maletas de montaña por las de playa.

En la costa llegó el relax, como no lo recordaba, el tranquilo deambular del tiempo sin relojes, el mar, siempre el mar. Algún día en Elche, en Terra Mítica, en Alicante, en la Font Roja, en el faro viendo amanecer, playa y piscina, sol y siesta, paz.

Pero como nada es eterno y todo lo bueno termina, volvimos a Madrid antes de que comenzara el sofocante agosto para volver al trabajo y la rutina, con la mente más clara y dispuesta. Hubo escapadas a la Sierra de Francia en versión scout, a las Hoces del Duratón y al cumpleNacho en Ablanque. Además de la notable despedida de soltero de Vicente en Valencia, y ya en septiembre el cumpleaños entre los árboles.

Cambio de etapa de por medio, de nuevo talibán en castellano, más feliz, más viejo y más serio, pensando en el río de la Plata, y en vivir un poco más.

Por ahora es todo, seguro que seguiremos informando.

Besos para ellas y abrazos para ellos. Ahora, por orden cronológico, algunas fotos:







16 agosto 2009

La habitación del hijo


Texto extraído de la versión digital de XLSemanal, de la sección de firmas.


Escrito por Arturo Pérez-Reverte. Espero que os guste.

"Lo conoce mejor que a ella misma. O creía conocerlo, porque
el joven silencioso y reservado que ahora vive en la casa le parece, en ocasiones, un extraño. El niño dejó de serlo hace tiempo. A veces, cuando está fuera, la madre se queda un rato en su habitación, callada, mirando los objetos, los libros –ella compró los primeros y los puso allí, soñando con el lector que alguna vez sería–, las fotos de amigos, de chicas. Las medallas que ganó en el colegio, tenaz, esforzado. Valiente como ella procuró enseñarle a ser. Con el ejemplo del padre: un buen hombre que nunca dice tres frases seguidas, pero que jamás faltó a su deber, ni hizo nada que no fuera honrado. Que educó al hijo con más ejemplos que palabras.

Inmóvil en la habitación, aspira su olor. Desde hace mucho es seco, masculino. Distinto del que tanto añora: aroma de cuerpecito menudo en pijama, olorcillo a carne tibia, casi a fiebre. A bebé y niño pequeño, que con el tiempo se desvanece y no regresa nunca. El crío que aparecía en la cama a medianoche con las mejillas húmedas, después de una pesadilla, para refugiarse a su lado, entre las sábanas. Quizá algún día recupere ese olor con un nieto, o una nieta. Con otro cuerpecito al que estrechar entre los brazos. Ojalá no esté demasiado mayor para entonces, piensa. Que aún tenga fuerza y salud para ocuparse de él, o de ella. Para disfrutarlos.

Libros. Hay muchos en la habitación, y jalonan veinticinco años de una vida. Infantiles, aventuras, viajes, textos escolares, materias universitarias, novela, ensayo, arte, historia. Desde niño, leyéndole cuentos e historietas, orientándolo con cautela, ella fue transmitiéndole el amor por la palabra escrita. La puerta maravillosa a mundos y vidas que acaban por multiplicar la propia: aspiraciones, sueños, anhelos cuajados en largas horas de lectura y templados en la imaginación. La intensidad de una mirada joven que explora el mundo en el descubrimiento de sí misma. Estos libros llevaron al muchacho a reconocerse entre los demás, a moverse con seguridad por el territorio exterior, a descubrir y planear un futuro. A estudiar una carrera bella y poco práctica, relacionada con la lengua, el pasado, el arte y la historia. A licenciarse en sueños maravillosos. En cultura y memoria.

Ahora ella, inquieta, se pregunta si hizo bien. Si la lucidez que estos libros dieron a su hijo no sirve más bien para atormentarlo. Lo sospecha al verlo salir de casa para entrevistas de trabajo de las que siempre vuelve hosco, derrotado. Cuando lo ve teclear en el ordenador buscando un resquicio imposible por donde introducirse y empezar una vida propia: la que soñó. Cuando lo ve callado, ausente, abrumado por el rechazo, la impotencia, la falta de esperanza que pronto sustituye, en su generación, a las ilusiones iniciales. Recuerda a los amigos que empezaron juntos la carrera animándose entre sí, dispuestos a comerse el mundo, a vivir lo que libros y juventud anunciaban gozosos. Cómo fueron desertando uno tras otro, desmotivados, hartos de profesores incompetentes o egoístas, de un sistema académico absurdo, injusto, estancado en sí mismo. De una universidad ajena a la realidad práctica, convertida en taifas de vanidades, incompetencia y desvergüenza. Pese a todo, su hijo aguantó hasta el final. Fue de los pocos: acabó los estudios. Licenciado en tal o cual. Un título. Una expectativa fugaz. Luego vino el choque con la realidad. La ausencia absoluta de oportunidades. El peregrinaje agotador en busca de trabajo. Los cientos de currículum enviados, el esfuerzo continuo e inútil. Y al fin, la resignación inevitable. El silencio. Tantas horas, días, años, de esfuerzo sin sentido. La urgencia de aferrarse a cualquier cosa. Hace una semana, cuando llenaba el formulario para solicitar un trabajo de dependiente en una tienda de ropa de marca, el consejo desolador de un amigo: «No pongas que tienes título universitario. Nadie emplea a gente que pueda causarle problemas».

Tocando los libros en sus estantes, la madre se pregunta si fue ella quien se equivocó. Si no tendría razón su marido al sostener que no está el mundo para chicos con sueños en la cabeza y libros bajo el brazo. Si al pretenderlo culto y lúcido no lo hizo diferente, vulnerable. Expuesto a la infelicidad, la barbarie, el frío intenso que hace afuera. Es entonces cuando, abriendo un libro al azar, encuentra unas líneas subrayadas –a lápiz y no con bolígrafo ni marcador, ella siempre insistió en eso desde que él era pequeño–: «En el mar puedes hacerlo todo bien, según las reglas, y aun así el mar te matará. Pero si eres buen marino, al menos sabrás dónde te encuentras en el momento de morir».

Se queda un instante con el libro abierto, pensativa. Releyendo esas líneas. Después lo cierra despacio, devolviéndolo a su lugar. Y sonríe mientras lo hace. Una sonrisa pensativa. Dulce. Tal vez no se equivocó por completo, concluye. O no tanto como cree. Puede que él forjara sus propias armas para sobrevivir, después de todo. Quizá mereció la pena."

12 agosto 2009

Madrugada 2



Última sentencia incongruente,
suicidio asistido, flor de loto,
carne de las voces de la gente
quince descosidos, solo un roto.

Huida fugaz, salto hacia delante
abismo voraz, conciencia parlante

Solo supe ver lo que querían
caminar sin norte y errabundo
solo supe estar como debía
fuego secular que engulle al mundo

Péndulo que vuelve, causa y efecto
sueños intranquilos, cazador despierto.

Madrugada

Y como cambian los sueños
como se mudan,
como ensordece el llanto
como se apaga

Cuantos cuervos se agolpan
en el cadáver
cuantos roñosos miedos
cuanta inconstancia

Donde queda la lluvia
que nos lavaba
limpiaba nuestra memoria
con su mirada

Tientos en la negrura
de los marcados
cantos a la cordura
años dorados

Subir y bajar
caer y volar
desconsolado
colgando del sol
oscila la hoz
ronco soldado

Quien se rasga la voz
quien se levanta
quien pudre mi sinrazón
de madrugada

04 julio 2009

Fin de curso



Hum, esto anda un poco desatendido... Tengo que hacer memoria para poder contar lo que ha ido pasando desde la última vez que escribí en estos cuadernos.

Estuve en Roma unos días visitando a Enrico y recorriendo de nuevo la ciudad eterna. Fue muy especial volver a pasar por los lugares que marcaron un año de mi vida y recordar infinidad de anécdotas en cada rincón, cuando éramos jóvenes.

Luego vinieron seguidos todos los cumpleaños de mayo y junio y apenas quedó tiempo para alguna escapada a la playa o bajo el mar. Por el camino estuvieron la boda de Dani, el esguince de Inés, algunos días tensos en el trabajo, y un poco de escultismo.

Y ahora qué.

Pues hoy el cumpleaños de Bego, y una semana para la boda del Willy y el comienzo de las ansiadas vacaciones de verano. A la vuelta seguiré contando, espero que con más frecuencia y calidad, los avatares de un futuro algo incierto.

Cuídense y disfruten del verano.

09 mayo 2009

Ocho años

Por mucho tiempo que pase te sigo echando de menos.